El equipo (min)waste crea sistema de economía circular El equipo (min)waste crea sistema de economía circular

(min)waste: volver a dar vida al plástico y crear economía circular

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La II Edición de Project Lab ha terminado y los equipos ganadores están poniéndose en marcha para desarrollar su proyecto de cambio social. Mientras avanzan os queremos contar cómo va uno de los proyectos ganadores de 2020. Porque ganar cada edición supone el inicio del cambio: 5.000 euros y acompañamiento mentorizado para poner en marcha cada iniciativa.

En esta ocasión hemos hablado con (min)waste, el proyecto creado por un equipo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Vladyslav Korenyak, Carmen Pascual, Alejandro Redondo, Irene Sanz, Ricardo Serrano y Patricia Tobaruela crearon hace un año aprox. un proyecto de economía circular en su escuela. 

Utilizar el residuo como materia prima para crear un nuevo producto 

Según nos comentan los miembros del equipo “Una de las actividades más relevantes en la economía circular consiste en tomar un residuo y usarlo como materia prima para la creación de un nuevo producto. De esta forma, se cierra el círculo, eliminando residuos y alejándonos de la economía lineal en la que estamos inmersos.”  

proceso de reciclado de (min)waste

Esta es la idea que hizo nacer (min)waste.

Para poder llevarla a cabo, se centran en el residuo plástico. “Pretendíamos recoger todas las botellas (plástico PET) y tapones de botellas (plástico PEAD), triturarlos y extruirlos de tal forma que obtuviésemos un hilo o filamento que se pudiese aprovechar en la impresión 3D. Así, lo que es un residuo, una botella de plástico, se ha transformado en materia prima de nuevo: filamento de impresión 3D.” nos aclaran.

Estos plásticos presentan la ventaja de ser fácilmente reciclables, generan productos que tienen buenas propiedades mecánicas y químicas tras el reciclado y “además, son plásticos que no se recicla en la actualidad y a los que nosotros podríamos dar una segunda vida”. 

Así, pusieron en marcha el proyecto, trabajaron su imagen de marca (colores, tipografía, logotipo), activaron las redes sociales (@circularizate en Instagram) y comenzaron a organizar campañas de recogida. 

En Navidad de 2020 diseñaron un árbol de botellas de plástico para captar la atención de los estudiantes. “En ese momento nos dimos cuenta de un problema: el residuo existía, pero era escaso. Conseguir muchas botellas de plástico nos resultaba complicado: cada botella pesa aproximadamente 8 gramos… para obtener 1 kg de plástico necesitábamos ¡125 botellas!”. 

Adaptarse a la nueva situación generada por la COVID-19 

Ante la llegada de la COVID-19, la generación de residuos en la escuela desapareció: ya no había plástico que recircular, no había material para llevar a cabo su proyecto. “Sin embargo, lo que parecía en principio una adversidad, supimos darle la vuelta y convertirlo en una oportunidad”.  

Como consecuencia de la pandemia surgieron los “coronamakers”, personas a lo largo de la geografía española que, de forma desinteresada y altruista, comenzaron a utilizar sus impresoras 3D para fabricar EPIS (equipos de protección sanitarios). 

Durante la fabricación de viseras, salvaorejas y otras piezas de utilidad para los sanitarios, se produjeron dos tipos de residuos: piezas defectuosas y restos de PLA procedentes de recortes y soportes.  

En CircularízatE, grupo de Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales dentro del que se incluye la iniciativa (min)waste, se movilizaron y recogieron todos estos desechos de PLA para darles una segunda vida. “De esta forma, volvimos a tener material para poder poner en marcha nuestro proyecto”. Con esta movilización consiguieron procesar 15 kg de plástico. 

Y es que la mayoría de impresión 3D se realiza con PLA, un bioplástico que procede del maíz; así pues “cualquier producto procedente de la impresión suele estar fabricado con este material. Hay otros como el ABS o el PTEG, pero son minoritarios.” Además, estos plásticos presentan la ventaja de ser fácilmente reciclables, generan productos que tienen buenas propiedades mecánicas y químicas tras el reciclado y “son plásticos que no se reciclan en la actualidad y a los que nosotros podríamos dar una segunda vida”.

Además, dado que la UPM es una universidad técnica, se disponen de bastantes impresoras 3D en los diferentes Campus y Escuelas, que son generadoras de este tipo de residuo. 

Cómo lo están contando y cómo podemos colaborar 

Durante la pandemia (min)waste lanzó una campaña que tenía como objetivo captar a estos coronamakers para evitar que los residuos de las piezas defectuosas impresas en 3D acabaran en la basura y tuvieran un impacto negativo en el medio ambiente. 

Además, dentro de nuestra Escuela se participa activamente en jornadas de asociaciones de alumnos y con algún artículo en las revistas de alumnos internas de la Escuela.” Y puntualmente han estado presentes en eventos: Semana de la ciencia 2020; Noche de los investigadores 2020; entrevista en yu, no te pierdas nada (2021); Jornadas de puertas abiertas (2021). 

Puesto que en el proyecto hay participación docente, se han publicado también diversos artículos científicos en revistas de impacto con relación a las conclusiones extraídas del proceso de reciclaje y de medición de la circularidad del proceso. 

Y siguen imparables: “Se van a distribuir contenedores específicos para recogida de PLA, PET y PEAD primero en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, y después en el resto de Escuelas de la UPM. La idea es implementar un sistema de recogida selectiva en el que estamos trabajando; ya tenemos los contenedores y queda elegir los sitios donde situarlos”.

Como primer objetivo queremos que mediante el servicio de transporte entre centros de la UPM nos lleguen estos residuos. Pero el objetivo más ambicioso es eliminar cualquier residuo plástico”. Así, tanto la botellas como los tapones y las piezas y trozos de PLA son recogidas por esta comunidad y entran en este circuito de transformación.

Por ello, recientemente, aprovechando que ya hay una mayor presencialidad, y, en consecuencia, una mayor generación de residuos, se han planteado empezar el proceso con nuevos plásticos además de hacer propuestas de reducción de plásticos de un solo uso. 

Y para quienes no formamos parte del Campus, podemos contactar con este grupo a través de Instagram o del correo electrónico. “Tenemos habilitado un formulario para anotar los datos y gestionar la recogida; o bien podéis acercaros a la escuela y depositarlos [los residuos] en el contenedor correspondiente.” 

Fomentar la participación de otros Campus: proyecto Campus Circulares 

Cuando hablamos con los chicos y chicas de (min)waste sobre la posibilidad de escalar el proyecto a otros campus, nos cuentan: “Es algo que sí se ha contemplado y de hecho ya está en marcha, es el proyecto conocido como Campus Circulares. Campus Circulares pretende ser la continuación de CircularízatE, donde otras escuelas se suman a la idea de poner en práctica la economía circular. 

La idea es que otras escuelas contribuyan a la causa dándole una nueva vida a otro tipo de residuos: papel y cartón, residuos orgánicos, etc. “Además, en otras escuelas hay iniciativas similares (en la Escuela de Caminos está la iniciativa “Caminos sin plástico”) y por tanto la idea también es aunar fuerzas y conocimientos para ir todos en la misma dirección.” 

Y no se detiene aquí: “a largo plazo se está pensando que cada Campus o varias Escuelas tengan un laboratorio similar al nuestro, de forma que se haga recogida común entre los Campus participantes, pero que cada uno de ellos trabaje un tipo de plástico, ya que el cambio de un tipo de plástico a otro a nivel técnico supone parar las máquinas y realizar una limpieza profunda.” 

Reciclar el plástico: ¿cuántas veces podemos hacerlo? 

Uno de los grandes retos a los que se enfrenta el equipo (min)waste, y al que esperan dar respuesta es “poder determinar el número de veces que podemos reciclar una pieza de PLA sin una pérdida de propiedades significativa. Por eso hay que tener cuidado desde el principio y separar los materiales no solo por colores sino también por composición química”.

A la hora de reciclar el plástico hay que tener cuidado, ya que, el proceso de extrusión para hacer las bobinas con material reciclado también la impresión en 3D, son procesos que aplican calor al material y los plásticos se deterioran.” 

Afortunadamente este deterioro no suele ser muy importante y mezclándolo con un pequeño porcentaje de material virgen vuelven a recuperar prácticamente sus propiedades iniciales. “Cuantas más veces se reciclen peores propiedades y más material virgen hay que añadir. Uno de los problemas que existe es conocer cuantas veces se ha podido reciclar un plástico.” 

Junto con el departamento de Química de la Escuela y el departamento de Ingeniería Mecánica, se están realizando pruebas para poder caracterizar mecánicamente los materiales que se reciclan y el número de veces que se puede reciclar. 

Así, aunque pierdan propiedades cómo resistencia y no se puedan usar para determinadas aplicaciones sí se podría usar para otras menos exigentes mecánicamente.” ¿No os parece una chulada? Seguro que después de leerlo os habéis quedado con ganas de reciclar. Pues ya sabéis, escribidles a su Instagram o a su mail y ¡formad parte del cambio!

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